La prueba PISA o el Informe del Programa Internacional para la Evaluación de estudiantes (Programmefor International StudentAssessment) trata de evaluar los conocimientos teóricos y prácticos de:
a) De estudiantes de 15 años (y al menos seis de ellos escolarizados) b) En 65 países (de los cinco continentes, incluyendo los 34 que pertenecen a la OCDE, entre los que se encuentra España) c) En tres áreas principales de competencia: lectura, matemáticas y ciencias (cada tres años, se revisa una de ella con más énfasis que las dos restantes) Se evalúan los procesos o destrezas, los conceptos y contenidos; y el contexto en el que se aplican dichas áreas. d) Evalúa también lo aprendido fuera del ámbito escolar.
PISA es realizada por la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) y con cooperación de diversas comisiones asesoras de un consorcio de la industria asesora. En los países participantes colaboran también centros nacionales relacionados con la educación. En el caso de España, se corresponde con el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (MECD)
España en la prueba PISA
España ha participado desde su primera edición en 2000, en todos los ciclos trianuales y, desde 2009, es pionera en su aplicación de forma digital (primero se introdujeron pruebas digitales en el área de lectura y, posteriormente en 2012, en el área matemática) En 2015 todas las pruebas estarán en formato digital.
Durante 2012, la prueba PISA se realizó a alumnos de 4º ESO. Siempre poseen una dificultad “estándar” y se aplican entre abril y mayo.
Argumentos
¿Por qué la prueba PISA no es un buen instrumento para medir la calidad de la educación?
La prueba PISA posee como propósito mejorar la educación, pero… ¿De verdad logra dicho objetivo?
En primer lugar debemos destacar que PISA no es un buen instrumento para medir la calidad de la educación porque no analiza los programas escolares nacionales, sino que revisa los conocimientos, las aptitudes y las competencias, es decir, no examina la calidad de las enseñanzas de cada país, sino, las habilidades de sus estudiantes. Aunque señalen ese como su objetivo principal, el verdadero fin de la OCDE es lucrarse económicamente. En cualquier caso, el análisis que realizan de los conocimientos de los/las estudiantes, es un análisis meramente cuantitativo.
Tras esto, podemos criticar el trabajo que realiza dicha prueba por la elección de evaluar solo tres áreas (matemáticas, comprensión lectora y ciencias) dejando a un lado el resto de materias importantes que se imparten en los centros educativos y por evaluar solo las capacidades cognitivas dejando en el olvido capacidades esenciales para el desarrollo personal y social de los/las jóvenes.
La evaluación de unas determinadas materias, repercute en que los padres y madres, alumnos/as y profesores/as, centren su interés en estas, pudiendo desequilibrarla formación de los/las estudiantes. El desarrollo de las capacidades cognitivas conlleva la práctica de la inteligencia cognitiva, excluyendo el poder trabajar la inteligencia emocional y la evaluación de dichas capacidades no incluye la evaluación de los objetivos del sistema educativo de cada país ni lo que se espera que alcancen los jóvenes durante la enseñanza obligatoria.
Por otro lado, encontramos varios contras en el formato de dichos exámenes. Las pruebas han sido diseñadas intencionadamente sin tener en
cuenta los objetivos, currículos y prácticas pedagógicas de cada sistema educativo.
En el caso de España, el formato que poseen dichos exámenes es desventajoso para sus estudiantes ya que no se asemejan a los que habitualmente se enfrentan los/las alumnos/as españoles/as en clase, más acostumbrados a resolver tareas asociadas a las demandas escolares y menos capaces de enfrentarse a tareas prácticas de aplicación.
De todos modos, su formato solo favorece a los sistemas educativos con currículos flexibles, interdisciplinarios y orientados hacia el aprendizaje basado en el desarrollo de competencias, colocando en desventaja a los modelos más tradicionales y disciplinarios. Precisamente este modelo de aprendizaje no es el prioritario en nuestros currículos. Ni si quiera es el mismo para todos los países, se diseñan en función de su cultura, impidiendo que la comparación entre estos pueda ser igualitaria.
Respecto al papel de los/las alumnos/as en dichas pruebas, no todo el mundo puede realizarlas, se selecciona a los/las alumnos/as que poseen un mayor potencial y/o rendimiento académico. Debido a esto, el resto de alumnos/as pueden sentirse infravalorados, a los elegidos se les reduce a un número que comparan entre el resto de países.
Esta prueba, crea presiones entre los/las alumnos/as. No todos son capaces de realizar los exámenes correctamente ni poseen el mismo nivel educativo. En ello influye el tiempo del que disponen para realizar las pruebas. Disponen de apenas treinta minutos.
Como última reflexión, podemos comparar las pruebas de Acceso a la Universidad y los exámenes que miden el Cociente Intelectual (CI). Podemos compararlas con las PISA, ya que en ellas los centros preparan a sus alumnos/as para hacer directamente exámenes sobre esas tres materias, al igual que en los dos anteriores ejemplos en los que les enseñan a realizar un tipo de examen característico. Simplemente se acaba midiendo más la habilidad de un conocimiento determinado que, en el caso de las PISA, la calidad de la educación como pretenden.
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